El día de abrirse a lo que no se espera

Ya hace varios años que el “anti San Valentín” está tan de moda como el San Valentín mainstream. Algunos restaurantes hacen promos para parejas y otros te proponen que vengan con tus amigas (nunca con tus amigos, claro, porque las publicidades nos hablan exclusivamente a las mujeres; se da por hecho que las únicas que tenemos una postura sobre el día de los enamorados, a favor o en contra, somos nosotras). No creo que una promo sea más progresista que la otra; sencillamente son negocios distintos. Unos venderán la imagen de una pareja de ensueño, que come afuera con tacazos y brushing, tiene infinitas cosas para contarse y mucho sexo desenfrenado después de la botella de vino que no estaba incluida en el precio final; los otros venderán la imagen de la soltera empoderada, la que nunca necesita a nadie, la que cuando quiere comer con alguien saca a un pretendiente de su agenda infinita y cuando no, no tiene ningún prurito en sentarse sola en el restaurante con su libro o su teléfono, total todos saben que ella es espléndida y, al igual que la pareja ideal de la otra promo, no conoce la ansiedad ni la tristeza.

Lo único que tienen en común estas dos imágenes, pienso, es una imagen de la felicidad muy atada al control: a una vida que parece llena de placer pero en realidad está toda medida al centímetro, que no puede estar llena de placer porque está demasiado llena de expectativas. Creo que los vínculos están hechos de lo contrario de todo esto: están hechos de realidad, de lo inesperado, de materia, de cuerpos que son de verdad y por eso pesan y se cansan y se pelean y se gastan pero por eso mismo también nos pueden hacer sentir cosas tan verdaderas, que se salgan del cálculo.

 

 

 

 

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Me pregunto si San Valentín no puede tratarse de eso: no de una guerra entre solteras y emparejadas, de una competencia de qué es mejor, sino de una invitación a la experiencia, a valorar la densidad del encuentro con el otro, a reivindicar nuestra independencia pero también el hecho de que es muy valioso entrar en lazos de cuidado, vulnerabilidad y dependencia (de la sana) con otras personas. Es valioso y es valiente, y puede ser muy feliz.

Mientras compro mi propia caja de bombones porque prefiero elegir los que me gustan a mí pienso que ojalá la crítica necesaria a los vínculos desiguales, a los que nos disminuyen y a los que nos restringen no nos haga perder de vista que los otros vínculos, los que nos hacen sentir libres y poderosas, no son solo una publicidad, y de hecho son casi lo contrario de una publicidad.

 Pero del lugar donde viene todo eso, de la otredad y la materialidad de los cuerpos y los deseos ajenos, vienen también lo que hace que valgan la pena; vienen también la belleza y la verdad.

Por Tamara Tenembaum

Ya hace varios años que el “anti San Valentín” está tan de moda como el San Valentín mainstream. Algunos restaurantes hacen promos para parejas y otros te proponen que vengan con tus amigas (nunca con tus amigos, claro, porque las publicidades nos hablan exclusivamente a las mujeres; se da por hecho que las únicas que tenemos una postura sobre el día de los enamorados, a favor o en contra, somos nosotras). No creo que una promo sea más progresista que la otra; sencillamente son negocios distintos. 

Unos venderán la imagen de una pareja de ensueño, que come afuera con tacazos y brushing, tiene infinitas cosas para contarse y mucho sexo desenfrenado después de la botella de vino que no estaba incluida en el precio final; los otros venderán la imagen de la soltera empoderada, la que nunca necesita a nadie, la que cuando quiere comer con alguien saca a un pretendiente de su agenda infinita y cuando no, no tiene ningún prurito en sentarse sola en el restaurante con su libro o su teléfono, total todos saben que ella es espléndida y, al igual que la pareja ideal de la otra promo, no conoce la ansiedad ni la tristeza.

 a una vida que parece llena de placer pero en realidad está toda medida al centímetro, que no puede estar llena de placer porque está demasiado llena de expectativas. Creo que los vínculos están hechos de lo contrario de todo esto: están hechos de realidad, de lo inesperado, de materia, de cuerpos que son de verdad y por eso pesan y se cansan y se pelean y se gastan pero por eso mismo también nos pueden hacer sentir cosas tan verdaderas, que se salgan del cálculo.

no de una guerra entre solteras y emparejadas, de una competencia de qué es mejor, sino de una invitación a la experiencia, a valorar la densidad del encuentro con el otro, a reivindicar nuestra independencia pero también el hecho de que es muy valioso entrar en lazos de cuidado, vulnerabilidad y dependencia (de la sana) con otras personas. Es valioso y es valiente, y puede ser muy feliz.

Mientras compro mi propia caja de bombones porque prefiero elegir los que me gustan a mí pienso que ojalá la crítica necesaria a los vínculos desiguales, a los que nos disminuyen y a los que nos restringen no nos haga perder de vista que los otros vínculos, los que nos hacen sentir libres y poderosas, no son solo una publicidad, y de hecho son casi lo contrario de una publicidad.

Pero del lugar donde viene todo eso, de la otredad y la materialidad de los cuerpos y los deseos ajenos, vienen también lo que hace que valgan la pena; vienen también la belleza y la verdad.

Por Tamara Tenembaum

Ya hace varios años que el “anti San Valentín” está tan de moda como el San Valentín mainstream. Algunos restaurantes hacen promos para parejas y otros te proponen que vengan con tus amigas (nunca con tus amigos, claro, porque las publicidades nos hablan exclusivamente a las mujeres; se da por hecho que las únicas que tenemos una postura sobre el día de los enamorados, a favor o en contra, somos nosotras). No creo que una promo sea más progresista que la otra; sencillamente son negocios distintos. Unos venderán la imagen de una pareja de ensueño, que come afuera con tacazos y brushing, tiene infinitas cosas para contarse y mucho sexo desenfrenado después de la botella de vino que no estaba incluida en el precio final; los otros venderán la imagen de la soltera empoderada, la que nunca necesita a nadie, la que cuando quiere comer con alguien saca a un pretendiente de su agenda infinita y cuando no, no tiene ningún prurito en sentarse sola en el restaurante con su libro o su teléfono, total todos saben que ella es espléndida y, al igual que la pareja ideal de la otra promo, no conoce la ansiedad ni la tristeza.

Lo único que tienen en común estas dos imágenes, pienso, es una imagen de la felicidad muy atada al control: a una vida que parece llena de placer pero en realidad está toda medida al centímetro, que no puede estar llena de placer porque está demasiado llena de expectativas. Creo que los vínculos están hechos de lo contrario de todo esto: están hechos de realidad, de lo inesperado, de materia, de cuerpos que son de verdad y por eso pesan y se cansan y se pelean y se gastan pero por eso mismo también nos pueden hacer sentir cosas tan verdaderas, que se salgan del cálculo.

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Me pregunto si San Valentín no puede tratarse de eso: no de una guerra entre solteras y emparejadas, de una competencia de qué es mejor, sino de una invitación a la experiencia, a valorar la densidad del encuentro con el otro, a reivindicar nuestra independencia pero también el hecho de que es muy valioso entrar en lazos de cuidado, vulnerabilidad y dependencia (de la sana) con otras personas. Es valioso y es valiente, y puede ser muy feliz.

Mientras compro mi propia caja de bombones porque prefiero elegir los que me gustan a mí pienso que ojalá la crítica necesaria a los vínculos desiguales, a los que nos disminuyen y a los que nos restringen no nos haga perder de vista que los otros vínculos, los que nos hacen sentir libres y poderosas, no son solo una publicidad, y de hecho son casi lo contrario de una publicidad.

Pero del lugar donde viene todo eso, de la otredad y la materialidad de los cuerpos y los deseos ajenos, vienen también lo que hace que valgan la pena; vienen también la belleza y la verdad.

Por Tamara Tenembaum

4 comentarios de “El día de abrirse a lo que no se espera

    • Barbara dice:

      En el estado en sus nos encuentre, solas o en pareja, lo importante es celebrarnos. El amor a nosotras mismas es algo que hace relativamente poco nos animamos a expresar y celebrar abiertamente así que es fantástico que en este día del amor podamos hacerlo.. Y aquellas que encontramos el amor del bueno en otro, también hagamos de San Valentín un día especial.

  1. Pingback: El amor existe, resiste. – arriba

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