Tamara Tenembaum

Soy una persona que escribe. Me recibí de Licenciada en Filosofía en la UBA hace cuatro años, y desde que tengo memoria mi relación con el mundo de lo tradicionalmente femenino (entre lo que se encuentra, por supuesto, la ropa) estuvo marcada por la ostentación de un rechazo.

Desdeñar la moda era una pose que me quedaba cómoda, y que pensaba que me quedaba seductora también (años después es que te das cuenta que a los tipos esas conversaciones en las que vos creés que estás vendiéndote como la reina antifemineidad no les importan en lo más mínimo, en general ni siquiera las registran).

 

 

 

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Y al mismo tiempo, ya de adolescente sospechaba que en esa supuesta soberbia mía se escondía una inseguridad profunda, e incluso una rabia. Era un mecanismo de defensa, finalmente: yo no sabía jugar el juego de la belleza y al mismo tiempo podía percibir lo importante que era jugarlo.

En el mercado sexoafectivo y en el mercado laboral la posibilidad de exhibirse femenina era un arma importante. Yo quería aprender a usarla, y al mismo tiempo que nadie se diera de cuenta de que lo estaba intentando para seguirme riendo de las que lo hacían sin disimulo (y lo seguían haciendo mejor que yo):

– Un juego completamente enloquecedor, por donde se mire –

 

 

Las ansiedades que nos produce la moda están directamente relacionadas con las ansiedades que nos produce la mirada de los otros: que nos encuentren deseables, respetables, divertidas, contratables. Pero quizás más que obsesionarse con el asunto hace falta romper el hechizo. Algunas de nosotras, por la razón que sea, no podemos evitar una especie de alquimia que la belleza produce: te pintás los labios de rojo un día que no estás de buen humor y algo pasa.

 

 

 

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A muchas otras no les pasa nada y solo desearían que todo este circo desapareciera, que las mujeres no tuviéramos que dedicarle ni un minuto ni ni un peso más a la belleza que el que deben dedicar los varones; yo a veces soy eso también, estoy demasiado cansada y tengo demasiadas cosas que pensar y que pagar para ponerme con eso.

 

 

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Y no son los días malos, necesariamente, a veces esos son los días buenos: los días en que estoy tan enfrascada en algo que me interesa que no estoy para autoamarme ni autocelebrarme ni autonada, porque lo que quiero es volcarme sobre el mundo. Y que lo que me pongo o me dejo de poner se organice solo, en dos segundos, de manera suficientemente agradable como para no tener que pensar en eso y ocuparme de lo que importa.

Soy una persona que escribe. Me recibí de Licenciada en Filosofía en la UBA hace cuatro años, y desde que tengo memoria mi relación con el mundo de lo tradicionalmente femenino (entre lo que se encuentra, por supuesto, la ropa) estuvo marcada por la ostentación de un rechazo.

Desdeñar la moda era una pose que me quedaba cómoda, y que pensaba que me quedaba seductora también (años después es que te das cuenta que a los tipos esas conversaciones en las que vos creés que estás vendiéndote como la reina antifemineidad no les importan en lo más mínimo, en general ni siquiera las registran).

– Desdeñar la moda era una pose que me quedaba cómoda –

En el mercado sexoafectivo y en el mercado laboral la posibilidad de exhibirse femenina era un arma importante. Yo quería aprender a usarla, y al mismo tiempo que nadie se diera de cuenta de que lo estaba intentando para seguirme riendo de las que lo hacían sin disimulo (y lo seguían haciendo mejor que yo): un juego completamente enloquecedor, por donde se mire

– Pero quizás más que obsesionarse con el asunto hace falta romper el hechizo –

 

Las ansiedades que nos produce la moda están directamente relacionadas con las ansiedades que nos produce la mirada de los otros: que nos encuentren deseables, respetables, divertidas, contratables. Pero quizás más que obsesionarse con el asunto hace falta romper el hechizo. Algunas de nosotras, por la razón que sea, no podemos evitar una especie de alquimia que la belleza produce: te pintás los labios de rojo un día que no estás de buen humor y algo pasa.

 

– Las ansiedades que nos produce la moda están directamente relacionadas con las ansiedades que nos produce la mirada de los otros –

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A muchas otras no les pasa nada y solo desearían que todo este circo desapareciera, que las mujeres no tuviéramos que dedicarle ni un minuto ni  un peso más a la belleza que el que deben dedicar los varones; yo a veces soy eso también, estoy demasiado cansada y tengo demasiadas cosas que pensar y que pagar para ponerme con eso.

Y no son los días malos, necesariamente, a veces esos son los días buenos: los días en que estoy tan enfrascada en algo que me interesa que no estoy para autoamarme ni autocelebrarme ni autonada, porque lo que quiero es volcarme sobre el mundo. Y que lo que me pongo o me dejo de poner se organice solo, en dos segundos, de manera suficientemente agradable como para no tener que pensar en eso y ocuparme de lo que importa.

9 comentarios de “Tamara Tenembaum

  1. Pamela dice:

    Gracias Tamara por expresar algo de las contradicciones que implican reivindicar nuestra femineidad sin quedar alienadas en los estándares de belleza hegemónicos. Es un camino no resuelto, que implica profundos debates dentro y fuera del movimiento feminista. Cómo liberarnos sin dejar de pertenecer? Cómo subvertir lo que a su vez nos da identidad?
    Me encanta que haya un diálogo entre la «academia» y otras esferas de lo social una marca de ropa.

    • Paola dice:

      Que lindo leer a a Tamara por estos lados. Gran sorpresa gran.
      Buen resumen de Pame, comparto. Como liberarnos sin dejar de pertenecer, pregunta que me hago diaria.
      Porque en un día gris, labios o vestido rojo nos moviliza, algo sucede.
      Beso a todas

  2. Jime dice:

    Me encanta la propuesta! Me encanta Tamara, varias veces escuche su columna en el programa de Seba Wainraich.
    Para mi la moda o la ropa, no creo que sea «importante» la palabra sino disfrute. Me gusta sentirme cómoda, jugar con looks pero ir buscando mi estilo. Trato de buscar cosas distintas aunque a veces uno cae en lo que esta «de moda» pero disfruto esa búsqueda de lo que quede mejor para mi cuerpo y sentirme libre.
    Guzmán es una marca de prendas eternas y que nos abraza a todas las mujeres.

  3. Lilian Devico dice:

    En mi caso no fui educada por una madre en relación con la moda. La ropa era como un medio de tapar la desnudez. Daba lo mismo los colores, modelos,, etc. el cuidado de la piel si es un legado familiar. Hoy me gusta verme bien con ropa cómoda que se combine fácilmente porque carezco de esa habilidad. Así que siempre voy al clásico que no falla. Igual que vos Tamara hay días que le dedico y días que mi energía está en otras cosas y dejo que fluya sin mirar demasiado. Otro motivo para optar por clásicos

  4. Nela dice:

    Finalmente le puse una cara al cerebro y la voz que ya conocía! Real lo q plantea! Me gusto mucho el texto! No todas las mujeres podemos darnos el lujo de tener un buen vínculo con la
    Moda, a veces por desdeñar, a veces por falta de capacidad de acceso a ese mundo…pero todas nos sentimos mil cuando encontramos en los básicos eternos la receta del éxito para simplemente sentirnos, vestirnos, vernos y proyectarnos bien

  5. Rocio dice:

    Muy buena reflexión sobre la moda! Algo tan vanal, pero a la vez necesario para comunicarnos . Coincido que hay veces que estoy tan metida en mi mundo que vestirme es solo para no estar desnuda. Guzmán te da esas prendas que hacen que estés cómoda, y algo que me gusta mucho podés usarlas de noche o de día.
    Espero ansiosa la proxima «entrada» al blog.

  6. Romina dice:

    Que difícil encontrar el equilibrio entre lo que una quiere transmitir con lo que viste y lo que verdaderamente siente. Somos cambio constante y eso sin dudas se refleja con lo que usamos. Muy buena columna!

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